domingo, 9 de noviembre de 2014

[ESTOS OJOS Y SU DANZA], Herman Bellinghausen, México Vol. 3 Cascada de Palabras, cartonera





ESTOS OJOS Y SU DANZA
Hermann Bellinghausen
Vol. 3 Cascada de Palabras, cartonera
Colección 2014



LUNACY
  
1.

No sé si yo solo podré con tanta ternura.
Sales de la espuma de la madrugada
en lengua extranjera y rostro prendido a la luz
con calidad de plata bajo el firmamento de otro mundo.

Suspendida en el aire, un sí un no adormecida,
velados los ojos, a la postre negrísimos y límpidos,
bajo una delicada cortina de negras pestañas
y rizos suaves y precisos.

Oscura de labios, sonríes con la noche,
de tan morados lívidos.

Algo me roba el aliento, me adhiere instantáneamente,
cáliz que habré de beber.

Caigo en mis rodillas y no dices nada,
sólo tomas mi cabello entre tus dedos
y aprietas mi calavera.

Hay fragancias que no se olvidan,
labios que nunca se disuelven.


2.

Un mar de nubes a nuestros pies.
Hija de la espuma, caes también en tus rodillas
y el viento te arrebata las banderas y la bufanda
y sin temor rasgamos el silencio, bajito
para no despertarnos todavía.

¿Cómo pueden unos labios saber a rosa?
¿Cómo puede un cuello nacer gacela?
¿Cómo pueden ser tan lisos los territorios de alguien?
¿Qué país es éste?

Preguntas que me llevaré a la tumba.


3.

La vara extendida, ramificada, cerca viva.
Musgo como vello en la ventana, formadito y oscuro.
Largas y suaves rutas repentinas.
Un ombligo intacto.

Los declives y descensos de un cuerpo que vive de danzar.
Siglos de esperanza en pocos pero grandes segundos líquidos.


4.

Adiós brazos del agua.
Nos hubiera encantado poblar el mismo espacio
por tiempo indefinido.

Líneas de la madrugada, abrácenme.
Primero el desierto, después calles desesperadas.

Antes los Cristos éramos más serios
y los clavos a la cruz, más afilados.


5.

¿Sabes? Hoy como nunca
es siempre.

Fundamos lo que todos quieren
y enseguida lo abandonamos.
Rompimos lo que no tenemos.
Tuvimos lo que no se debe.
Y tus pezones, ¿sabes?,
son como la superficie de la luna
en el fondo del mar.
  


DADO

La volatilidad del tiempo.
El desmonte del azul del cielo.
La poda de raíces.
Unas cuántas ideas locas llevadas a la práctica.
Las apuestas, altas.
Líneas lentas, días largos a tu lado.
Las colas en el cementerio.
Las flores de plástico polvosas en alguna mesa innecesaria.
El desmoronamiento del vacío.
La boca seca de los remeros.
Los labios partidos en el desierto.
La zona de fuego demasiado cerca de los hombros.
Crisis de rabia y una mujer negra
buscando su bicicleta en el gentío.
Una espléndida mujer negra de cabellera sólida y quemante.
Los carros por el río.
Las medias de seda púrpura, la ausencia de medias.
La ranura húmeda.
La ida de los viajes, la venida de las graciosas avenidas.
Un burdel inesperado en esta esquina.
Tiburones en el océano.
Las nervaduras de una palma.
La ilusión de haberte dado.



¿DE DÓNDE VIENE ESTA TERNURA?

a través de Marina Tsvetaeva

¿De dónde viene esta ternura?

No son los primeros rizos
que ensortijan mi dedo.

He besado labios más oscuros,
nunca tan profundos.

Un cielo oscuro y vacío

(¿De dónde esta ternura?)

He conocido otros ojos
que se deslicen de los míos.
Pero nunca antes me sentí así
en la noche

|          (¿De dónde viene esta ternura?)

con mi cabeza sobre tus muslos, viva.

Dime ¿de dónde viene esta ternura?
¿Y ahora que hago con ella? Joven,
extranjera, bailarina, vagando por la ciudad,
tú y tus pestañas –largas como ningunas otras.



LO QUE EL PAISAJE A TÁNTALO

Mi amor cruza los campos,
ella todo el paisaje,
por más que mi pulsación prensil la orbite
con tentación inmensa
no la alcanzo y con lo bien
que me caería recibir caricias suyas,
besarla en donde importa,
contarle o no
que me ocurren estas cosas.

Por más que no la vea
viene a mis ojos constante,
inconcebiblemente viva,
fundida en la raíz de esta alucinación diurna,
fruto maduro del peral del sueño,
obra maestra de la natura humana
echando semillas en los prados y los surcos
del paisaje repentino y suyo.

Ella en el recuerdo abre una tras otra
las ventanas del encuentro,
besos desde el balcón,
dulcísima mirada por un te quiero.

Mis sabuesos extraviados siguen de largo
y la devora el tiempo de un bocado
sin escuchar mis espera que ya te alcanzo
pero sé que volverá mañana y luego,
la veré como la sueño
y estiraré mi mano loca.




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